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La Carretera, de Cormac McCarthy

4 noviembre 2009

El viejo  apuró su café y dejó el tazón delante de él y se inclinó con las palmas de las manos hacia el calor. El hombre le observó. ¿Cómo lo sabría si fuese el último hombre sobre la tierra?, dijo.
No creo que pudiera saberlo. Lo sería y ya está.
Nadie lo sabría.
Eso no tendría ninguna importancia. Cuando mueres es como si todo el mundo se muriera también.
Supongo que Dios sí lo sabría, ¿no?
Dios no existe.
¿No?
Dios no existe y nosotros somos sus profetas.

(Antes de empezar a hablar de La Carretera me gustaría dedicar unas líneas a cómo llegó esta novela a mis manos, que creo que lo merece:
A pesar de que dicen que celebrar un cumpleaños antes de tiempo trae mala suerte, este año me decidí a adelantarlo un día. ¿Y por qué? Muy sencillo: la mitad de mis invitados [es decir, dos] no podían venir el día que dice mi carnet [y mi madre] que cumplo los años, así que mandé al carajo los malos augurios y soplé las velas con un día de antelación. Tras el guateque, y ya en el día de mi cumpleaños, recibí un sms de Bruno. “Mira encima de tu estantería, ¡felicidades!”. Y ahí estaba La Carretera, que ha sido hasta la fecha mi único regalo de cumpleaños. Así que… qué menos que dedicarle estas líneas después de ese detallazo. ¡Va por ti, Bruno!)

La Carretera es la úLa carreteraltima y más exitosa novela de Cormac McCarthy. Buena muestra de ello es el premio pulitzer de ficción que ganó en 2007 y también su adaptación a la gran pantalla, que verá la luz en nuestro país en febrero de 2010 y que cuenta en su reparto con Charlize Theron, Robert Duvall y Viggo Mortensen, entre otros.

La obra narra la lucha de un padre y un hijo por sobrevivir en un mundo postapocalíptico en el que todo ha ardido y en el que conseguir comida es casi un imposible, hasta el punto que muchos de los escasos supervivientes resisten comiéndose a los de su misma especie.
En medio de esta barbarie de desolación y canibalismo, padre e hijo siguen el único símbolo en pie de la antigua civilización, la carretera, con la esperanza de llegar al sur antes de que el frío les mate y con la ilusión de que allí encuentren una salida de este infierno.

Cormac McCarthy

Cormac McCarthy

Si he de describir esta novela con una sola palabra, elegiría, sin dudarlo, agonía. Agonía de los dos protagonistas, a los que McCarthy, como si de un Dios cruel se tratara, va dejando morir de frío e inanición hasta el punto en el que parece que no van a resistir más y, en ese preciso instante, les deja encontrar algo que les ayude a prolongar un poquito más su agonía. Agonía también del lector, que crea un vínculo fortísimo con los dos personajes y por los que padece en cada paso que dan.
Sin embargo, McCarthy no es tan malvado como para darnos solo eso, y bajo esa agonía subyace una conmovedora historia de amor, del fuerte vínculo del padre y del hijo sin el que ni uno ni otro podrían sobrevivir. El hijo porque sin los cuidados del padre moriría, y el padre porque sin algo por lo que luchar, desfallecería. Son, como ellos mismos dicen en la novela, los portadores de luz en este nuevo mundo de horrores y tinieblas; lo poco que queda de humanidad cuando la humanidad se ha perdido.

Versión cinematográfica

Padre e hijo en la versión cinematográfica

El narrador no abandona a estos dos personajes en ningún momento en toda la novela,  y de ese modo no nos perdemos nada de lo que ocurre entre ellos. Asistimos tanto a momentos conmovedores como crueles, en los que el padre sólo puede pensar en la superviviencia y tiene que ignorar los sentimientos del muchacho. Asistimos también a sus diálogos y a sus silencios. Sus abundantes silencios.
Y es que, desde mi punto de vista, al igual que la música sin el silencio no tiene sentido, esta novela tampoco se entendería sin el silencio. El silencio del padre y el hijo, el silencio de lo que les rodea y, en definitiva, del mundo, queda plasmado por McCarthy en esos párrafos cortos con una marcada separación, que nos obligan a no ignorar el espacio en blanco que hay entre ellos. Además, debido a esta separación entre párrafos y al salto de línea en los diálogos, las páginas vuelan en las manos del lector y fomentan una lectura viva, salvaje, en la que no has terminado la página y ya tienes la siguiente entre los dedos para no perder ni un segundo y poder continuar con la historia.

La carretera es, en definitiva, una obra que marca, cuyo final no deja indiferente a nadie y que engancha tanto que se puede leer de un tirón si te descuidas. Es la novela con la que mayor vínculo afectivo he creado con los personajes a pesar de mi escasa o nula identificación con ellos, y la pondría de seguro entre mis diez favoritas. Si tenéis la oportunidad de leerla, ¡No la desaprovechéis! Y si es antes de ver la película, mejor, que con estas cosas ya se sabe…

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5 comentarios leave one →
  1. 4 noviembre 2009 1:40 am

    JOPE.

  2. mr gumplow permalink
    4 noviembre 2009 3:27 am

    agonía en grado sumo, sí señor… a mi se me va mucho la cabeza leyendo y acabé (casi) somatizando toda la angustía, frustación, impotencia y desolación del personaje del padre. casi la dejo a medio leer… a la peli no voy ni aunque me paguen el cine – qué al precio que está es un fortunón -.

  3. 4 noviembre 2009 4:26 am

    Como lectura, aunque estoy de acuerdo en que también me pareció viva y dinámica, no me resultó, por otra parte, nada fácil. Tiene un estilo de narración al que para nada estaba acostumbrado. Puedes llegar a desesperarte porque no te da lo que te suelen dar el resto de las novelas, respuestas. Y con todo, es puro sentimiento. Si te adaptas al estilo y no renuncias, este libro no te deja indiferente para nada. Sufres en cada página con los protagonistas y ya no te puedes separar de ellos.

    P.D. 🙂

  4. elsith permalink
    4 noviembre 2009 3:43 pm

    Gran comentario!. Me han entrado ganas de leer la novela, así que objetivo conseguido.

  5. Pablo Cantó permalink*
    15 febrero 2010 11:03 pm

    Por cierto, quería volver a comentar esta entrada para decir que la película está muy conseguida y es muy muy fiel a la novela (salvando el final, un poco más dulzón).
    Muy recomendable si ya has leído la novela, si no… ¿a qué estás esperando? 😛

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