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Los clanes de la luna Alfana, de Philip K. Dick

9 noviembre 2009

Mientras caminaba por la calle central de Ciudad Gandhi, llena de barro y de montones de basura, la doctora Mary Rittersdorf dijo:

―No había visto algo así en la vida. Desde el punto de vista clínico, están locos. Esta gente deben de ser todos hebefrénicos. Están terrible, terriblemente deteriorados. ―En su interior, algo le gritaba que se fuera, que abandonara aquel lugar y no volviera nunca. Que regresara a Terra y a su trabajo como asesora matrimonial y olvidara lo que había visto.

Y la idea de someter a aquella gente a una psicoterapia…

Se estremeció. Ni siquiera la terapia con drogas y el electroshock servirían de mucho allí. Aquello era el extremo de los trastornos mentales, el punto de no retorno.

Los clanes de la luna alfana es una novela de ciencia ficción escrita por el estadounidense Philip K. Dick en 1964. En un futuro lejano, nuestro planeta se ve desbordado por los casos de enfermos mentales, por lo que se decide exiliar a los pacientes a Alfa III M2, un satélite aislado del sistema alfano conquistado en la guerra que enfrentó antaño a Terra (la Tierra) con los alfanos. Pero, a consecuencia de nuevos conflictos con esta raza, las comunicaciones con la luna cesan y durante mas de dos décadas los enfermos mentales son abandonados a su suerte. Desde entonces, crean formas de autogobierno, formando siete clanes. En primer lugar tenemos a los denominados pares, los paranoicos, personas obsesionadas con su propia protección ante algo que nunca les ataca. Residen en el asentamiento de Adolfvilla. Por otro lado están los manses, maníaco-depresivos, que son el clan más activo del satélite. Su carácter violento y agresivo se complementa con una interesante creatividad y multidisciplinariedad. Habitantes de Cumbres da Vinci, están siempre haciendo varias cosas a la vez y manejan la tecnología más puntera. Los hebes, hebefrénicos, son la otra cara de la moneda. Se dice de ellos que son los más cercanos a Dios, pues se despojan progresivamente de toda preocupación y valor material. Residentes en Ciudad Ghandi, son personas simples, primarias y sucias, dedicadas a trabajos manuales y monótonos. Resultan repugnantes a los ojos del resto de los clanes. Los ob-coms, personas con trastornos obsesivo-compulsivos, pueden ser considerados como los funcionarios de esta sociedad debido a su empeño por las acciones repetitivas. Aportan de este modo una relativa estabilidad. Los  esquizos (esquizofrénicos) resultan ser la clase visionaria, mística, en permanante alucinación, algunos cercanos a la catatonia o con poderes psiónicos. Los polis, afectados por otro tipo de esquizofrenia, se encuentran atrapados en la infancia y nunca maduran. Son impulsivos y muy creativos. Y por último están los deps, con depresión clínica, sumidos en una profunda tristeza y vacío, inútiles en cuestiones prácticas. La novela da comienzo con una reunión del consejo en el que los representantes de cada clan de la luna, alertados ante una inminente invasión, deben decidir su plan de actuación.

Philip K. Dick

Por otro lado, tenemos en Terra a Chuck Rittersdorf. Chuck trabaja para la C.I.A. programando simulacros (robots que simulan ser personas reales) con el objetivo de difundir propaganda anticomunista en varios países de los alrededores de Estados Unidos. Es un trabajo mal visto por la sociedad, y sobre todo por su mujer, Mary Rittersdorf, ambiciosa y manipuladora, que presiona a su marido para que busque algo mejor y aproveche su talento. La ruptura de este matrimonio es el detonador de importantes sucesos. Mary Rittersdorf, de profesión asesora matrimonial, se ofrece voluntaria al gobierno, que guarda intenciones de retomar el contacto con Alfa III M2, y se embarca como psicóloga hacía el sistema alfano, con el objetivo de establecer un primer contacto con sus habitantes y valorarlos clínicamente. Chuck, por su parte, se ve envuelto en una espiral de acontecimientos que escapan a su control. Recién trasladado tras su divorcio a un desagradable bloque de pisos, donde convive con varios inquilinos no terráqueos, conoce a Lord Running Clam, un hongo ganimediano con poderes telepáticos, de gran inteligencia, quien le presta su apoyo, y a Joan Trieste, miembro del Departamento de Policía de Ross con poderes psiónicos. Ante las obligaciones jurídicas que se le presentan tras su separación, Chuck se ve obligado a pluriemplearse y acepta un segundo trabajo como guionista al servicio del famoso cómico televisivo Bunny Hentman, de pasado oscuro.

Pero no todo es tan complicado como su planteamiento en Los clanes de la luna Alfana, que resulta ser una novela muy entretenida y sencilla, en la que las intrigas personales cobran una gran importancia. A pesar de situarnos en un contexto de pura ciencia ficción, con viajes interestelares o razas alienígenas, la novela se centra sobre todo en la complicada vida de Chuck Rittersford, para el que las cosas van cada vez peor y que evoluciona irremediablemente hacia la figura del antihéroe, con acciones  y pensamientos de dudosa moralidad durante su recorrido. Por otro lado, y al más puro estilo Philip K. Dick, el tema de la percepción de la realidad vuelve a ser clave, esta vez desde  el punto de vista de la psiquiatría.

Formalmente hablando, el famoso autor de Ubik o ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? juega permanentemente con la narración, pues la novela sigue dos frentes inicialmente separados: la situación de los clanes en la luna Alfana y del agente de la C.I.A. Chuck Rittersdorf, que va intercalando aleatoriamente. Así como otorga protagonismo a varios personajes secundarios durante la trama o realiza pequeños saltos en el tiempo que obligan a reubicarse y encajar las piezas. Quizá el mayor valor de esta novela es el tratamiento de la psiquiatría desde un punto de vista literario y poético y las consecuentes preguntas que uno se propone al terminar el libro. ¿Puede sobrevivir una sociedad formada por locos?  ¿de qué forma? y es que, en realidad, ¿en qué se diferencian de nosotros?

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3 comentarios leave one →
  1. 9 noviembre 2009 11:05 am

    interesante reflexión. interesante sería saber en qué medida tiene un contacto cercano el autor con las enfermedades mentales o lo que se consideran “locos”, quienes tal vez no son ya la anormalidad, sino lo común, y habría que dejar de lado términos como lo normal y lo que se aleja y no lo es, puesto que todos somos diferentes…

  2. Pablo Cantó permalink*
    9 noviembre 2009 12:11 pm

    Creo que puedo responderte en parte a lo que comentas, Piedad:
    Por lo que parece, Philip K. Dick, sin llegar a ser catalogado como tal clínicamente, se consideraba esquizofrénico. Tenía visiones a menudo e incluso solía decir que era dos personas: él mismo y Tomás, un cristiano perseguido por los romanos en el S. I d.C. De ahí que el tema de la locura, las distintas realidades y las drogas (que, todo sea dicho, también le gustaban lo suyo) sean tan recurrentes en su obra.

    En la Wikipedia se habla un poco de esto y de algunas experiencias raras relacionadas con sus visiones que tuvo, os dejo en enlace por si le queréis echar un ojo. Es, cuanto menos, curioso:
    http://es.wikipedia.org/wiki/Philip_K_Dick#Sus_visiones_y_problemas_psicol.C3.B3gicos

  3. 10 noviembre 2009 9:45 am

    Creo que nunca podría leer este libro…porque me volvería loca =S. Almenos, tomaría conciencia de que lo estoy. Ains… la reseña muy bien hecha Brun, eres ya un profesional =)

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