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Un grito de amor desde el centro del mundo, de Kyoichi Katayama

11 noviembre 2009

Lo que no quita que estés volando en sueños. En la realidad, es imposible. Pero mientras estás soñando, no te lo parece. Mientras estás soñando, ni siquiera piensas que aquello sea ilógico. Y, aunque lo pensaras, seguirías volando igual. Porque tú estás viendo realmente las ciudades, y todo lo demás, desde el cielo, y tienes una sensación muy real de que estás volando. Así que aquello no es una alucinación.

Para empezar, hay que advertir que éste es otro libro no apto para estados de ánimo peligrosos. La historia básicamente es una mierda, el más típico de los tópicos. Ambientada en Japón, Sakutaro y Aki son dos chavalitos que se conocen desde el colegio. Ella es la niña bonita y sin defectos. Nunca dice nada fuera de lugar. Una joyita de niña. Él es un chico, no hace falta que diga más. Pero él no es como los demás, porque hace reír a la dulce Aki. Y eso es, básicamente el amor. “Haz reír a una chica y tendrás medio camino hecho”, o algo parecido. Lo importante es que no se ría de ti. AY, esto no es el consultorio del amor si no una reseña de un libro que por su argumento es aparentemente una cursilada. Pero NO lo es del todo. Como los japoneses están obsesionados con la muerte y por lo visto si en un libro no se habla de ella pues olvídate del sellito de best seller en la portada, K. Katayama reflexiona sobre la muerte desde varios aspectos: quien la está viendo venir, quien está recién asimilando una pérdida y quién la ha sufrido toda una vida. Así, los personajes van mostrando su interior de una manera intensa y a la vez muy simple, pero sobre todo muy humana. Personalmente, creo que es lo mejor y único bueno del libro, ya que la emoción del amor juvenil y primerizo está muy poco conseguida y K. Katayama debió ver demasiado Doraemon porque hace unos saltos en el tiempo demasiado bruscos. Además, para que la cara de pan que se te pone al leer algunas cosas como que los enamoraditos comparten un diario conjunto para escribirse lo mucho que se quieren te dure un buen rato, el final es lo más insípido que he leído en la vida. Sinceramente yo le tenía mucho miedo, dejé pasar unos días antes de leerlo, pero si lo llego a saber ni lo intento, hubiese preferido quedarme a medias.

Kyoichi Katayama

De todas formas, seguro que Kyoichi Katayama, que nació en Ehime Prefecture, Japón, en 1959, lo ha hecho mejor en otras de sus obras, como John Lennon o Shinjiru na, Mangetsu no Yoru, Moby Dick ga y Moshimo Watashi ga, Soko ni Irunaraba. Aún así, parece ser que Un grito de amor desde el centro del mundo es su gran éxito en expansión, habiendo vendido más de tres millones de copias en Japón y habiendo sido traducida en un montón de países.

Finalmente, ojalá no se os hayan pasado las ganas de leer este libro, a mi realmente me ha aportado muchos aspectos de la muerte en los que nunca me había parado a pensar, así que si alguien se ve con fuerzas, le animo fehacientemente a que lo lea. Pero que no diga que no le avisé.

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2 comentarios leave one →
  1. 11 noviembre 2009 1:10 pm

    mi madre dice que no diga palabrotas…

  2. Sara permalink
    13 noviembre 2009 4:45 pm

    Q conste, primera visita al blog.
    Este libro me pareció como un relato del típico libro enorme que tienes cuando eres pequeña y se titula “cuentos para los 365 dias del año”. Insípido.
    voy a seguir cotilleando 🙂

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