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Ampliación del campo de batalla, de Michel Houellebecq

28 noviembre 2009

[…]Pero, entre todos los muebles, la cama plantea un problema especial y doloroso. Si uno no quiere perder el respeto del vendedor está obligado a comprar una cama doble, aunque no le vea la utilidad y tenga o no sitio para ponerla. Comprar una cama individual es confesar públicamente que uno no tiene vida sexual, y que no cree que la tendrá en un futuro ni cercano ni lejano (porque las camas, en nuestros días, duran mucho tiempo, mucho más que el periodo de garantía; es cosa de cinco, diez, incluso veinte años; es una seria inversión, que compromete prácticamente durante el resto de la vida; las camas duran, por término medio, mucho más que los matrimonios, la gente lo sabe perfectamente).

Ampliación del campo de batalla es la primera novela de Michel Houellebecq, francés afincado en nuestro país que está considerado como una de las más grandes (y controvertidas) plumas contemporáneas.
En Ampliación del campo de batalla, Houellebecq nos pone en la piel de un ingeniero informático que, a pesar de su buena situación empresarial y económica, vive en un permanente hastío que le lleva a ver de forma negativa, e incluso con cierto odio, el resto de facetas de la vida, ensañándose especialmente con lo sexual y sentimental. Así,  nuestro héroe (o anti-héroe, más bien) aprovecha un viaje de trabajo para analizar hecho a hecho, persona a persona, lo que es para él la vida en la sociedad actual: un campo de batalla en el que a veces se gana y otras se pierde, y en el que se puede triunfar en una guerra y fracasar estrepitosamente en otra. Sin embargo, ese viaje de negocios sólo será el inicio de otro, mucho más largo, hacia la depresión y la locura.

Michel Houellebecq

No os voy a engañar: compré el libro pensando que era otra cosa. Ese título (Ampliación del campo de batalla, uf… ¿quién no imagina naves espaciales disparando por doquier?) y mi costumbre de no leer jamás la contraportada (por ser un nido de spoilers) me jugaron una mala pasada y me pasé todo el libro esperando a que una raza mucho más avanzada que la nuestra barriera del mapa la civilización del protagonista (lo cual, dicho sea de paso, dudo que le hubiera disgustado). Sin embargo, este “desliz temático” no me causó decepción ninguna, más bien al contrario: cada página que pasaba era una sorpresa para mí. Es increíble lo que he tardado en leerlo teniendo en cuenta lo corto que es, pero es que una sola lectura de algunas páginas del libro me parecía insuficiente, bien por complejas, bien por ser pequeñas maravillas cargadas de  humor. Humor, que, dicho sea de paso, es a la vez como una pluma en la planta del pie y una patada en el estómago. Te ríes, sí, pero también te genera un tremendo malestar cuando identificas algún aspecto de tu vida en la del hastiado protagonista. Y lo peor es que es difícil no hacerlo cuando es de nuestra propia sociedad de la que se habla.

Contar más de un libro tan breve creo que sería excesivo. Sólo os diré que no, al final no había aliens, ni replicantes, ni viajes en el tiempo ni naves espaciales. Y ni falta que le hace. No creo que deje indiferente a nadie: lo amarás o lo odiarás, como ocurre con todos los grandes. Yo me sitúo entre los primeros. ¿Tú?

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