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Ninguna guerra se parece a otra, de Jon Sistiaga

23 diciembre 2009

La suerte es muy importante, pero para tenerla, para que esa señora caprichosa te mire, hay que llamar su atención. Hay que arrimarse a las historias. Merodear por sus alrededores. Mirando, preguntando, dejándote ver. Sólo así se consigue llegar a la cúpula de los terroristas protestantes del Ulster, o al lider espiritual de los suicidas de Hamas, o a los comandantes de las FARC colombianas. Sólo arrimándose se llega a prisioneros talibanes o guerrilleros mai-mai zareños. Esta profesión se ha deformado tanto que cualquiera de estos ejemplos es considerado un excelente trabajo periodístico, pero si se entrevista a algunos de los líderes terroristas que ordenan a sus comandos colocar coches bomba en Madrid pasamos a ser cómplices o portavoces de su violencia. Y todo porque esa violencia nos toca de cerca. Porque es nuestra violencia.

Jon Sistiaga

Todos conocemos a Jon Sistiaga. Nacido en Irún, estudió Periodismo en la Universidad del País Vasco.  Ha recibido los premios Periodistas sin Fronteras y Ortega y Gasset, y además ha sido considerado por la consultora Gallup en 2003 como uno de los 10 periodistas con más credibilidad de España. Actualmente, está realizando numerosos reportajes de investigación para la cadena Cuatro, que podréis encontrar en su web, pero antes, trabajó para Telecinco. Concretamente, Ninguna guerra se parece a otra narra la historia de su experiencia personal cubriendo la guerra de Irak para esta cadena,  junto a José Couso, fallecido en la misma guerra, el 8 de abril del 2003. Quien quiera tener más información sobre este caso, puede acudir a la web desde la cual exigen una investigación y el castigo a los culpables.

Ninguna guerra se parece a otra no es un manual sobre periodismo, tampoco un libro de Historia. Es un libro sobre todo humano, personal, que narra paso por paso los obstáculos por los que pasa el periodista haciendo su trabajo. Nos acerca a José Couso, nos lo presenta para que de alguna manera seamos conscientes de lo que hemos perdido. Y lo consigue. Desgraciadamente, Couso no es el único, también está Taras Protsyuk , cámara que trabajaba para la agencia Reuters, también fallecido en el ataque. (Obviamente, también hay muchos otros periodistas, voluntarios de ONG’s, civiles, que mueren día a día a causa de las guerras, sólo quería recordarlo, por si a alguien no se le había pasado por la cabeza todavía.)

Es un libro de lectura simple, sin artificios, porque la realidad supera cualquier tipo de decoración, pero del mismo modo, es complicado, duro y angustiante, a causa de las cosas que cuenta. Personalmente, más de una vez me he visto obligada a leer varias veces el mismo párrafo.

Jon Sistiaga nos cuenta SU verdad, sin ningún tipo de reparo, dejando fluir sus sentimientos con mucha soltura, dejando un sabor agridulce, haciendo florecer muchos sentimientos opuestos que, al pasar la última página, se materializan en una actitud: la impotencia.

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