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Miguel Hernández, periodista.

15 mayo 2010

(Esta entrada es una síntesis de la exposición que realizó José Manuel Carcasés el pasado jueves 13 de mayo en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid acerca de una de las facetas más desconocidas de Miguel Hernández: su labor como periodista).

Miguel Hernández

Miguel Hernández nace el 30 de octubre de 1910 en Orihuela, pueblo por aquel entonces con gran ambiente religioso y caciquil. Su padre, a diferencia de lo que se suele creer, no era cabrero sino tratante de ganado. Se negó desde un principio a que Miguel se cultivara en la literatura y éste tenía que hacerlo a escondidas, lo cual provocó que su padre le diera más de una paliza cuando lo encontraba leyendo.

Empieza a contactar con la clase culta de Orihuela: caciques, religiosos, periodistas y escritores de tendencias conservadoras. Con sólo 16 años forma una tertulia junto a los hermanos Fenoll, Manuel Molina y José Marín (Ramón Sijé). Manuel Fenoll le invita a escribir en El pueblo de Orihuela y publica por primera vez el 13 de enero de 1930. Sus publicaciones no son todavía periodísticas, son composiciones poéticas tempranas de no demasiada calidad literaria. Esta primera publicación es un poema titulado Pastoril. Después, en el mismo periódico, comenzará a cultivar su primera prosa, Escenas, un retrato de escenas de su pueblo.

Pastoril, primera obra de Miguel Hernández en prensa.

Empieza a destacar como escritor y esto provoca que otros periódicos se interesen por él. Además funda la revista Voluntad con sus compañeros de tertulia. En él escribe sobre actualidad y utiliza un tono menos conservador que el que se mantenía en El Pueblo de Orihuela. Posteriormente funda otro periódico, Destellos, en el que aparte de escribir realizaba otras labores periodísticas como editar, corregir, maquetar… Escribe también en El clamor de la verdad, El gallo crisis, versión levantina de la revista Cruz y raya, y Silbo.

Gracias a un periodista amigo de Miguel Hernández, Sansano, se va a trabajar al diario Indormación de Alicante, de carácter progresista. También empieza a colaborar en La verdad, de Murcia, donde publicará cantidad de prosas; El liberal de Sevilla, La Isla de Cádiz, Rumbos de Ciudad Real…

Intenta entrar en la escuela El Debate, centro de formación de periodistas dirigido por Herrera Oria. Poseía gran prestigio y marcada tendencia religiosa, por lo que Miguel acude a Luis Almarcha, canónigo de Orihuela con el que tenía amistad. A pesar de la intercesión de Almarcha no logra entrar en la escuela, sin embargo, tras la publicación de una entrevista que Miguel concede  a La gaceta literaria, empieza a aumentar su fama por Madrid y es llamado para trabajar en una de las más grandes revistas de España, Cruz y raya.

En 1934 se produce un salto considerable en su carrera: por un lado, conoce a Pablo Neruda, Vicente Aleixandre, Alberti, Juan Ramón Jiménez y Maruja Mallo, y con algunos de ellos funda Caballo verde para la poesía, donde también hace de editor, corrector… Por otro, comienza a publicar en Revista de Occidente, una de las revistas más prestigiosas y de más nivel intelectual que ha habido en nuestro país, dirigida por Ortega y Gasset.

A partir de entonces comienza a escribir en El sol, periódico dirigido por Nicolás María de Urgoiti que contaba con firmas de gran prestigio como Ortega y Gasset o Ramiro de Maeztu. Ricardo Urgoiti, hijo de el director de El sol, le invita a trabajar en Unión Radio, precursora de la Sociedad Española de Radiodifusión (cadena SER).

Cuando estalla la Guerra Civil Miguel se inscribe en el Partido Comunista y empieza a combatir en las trincheras. En época de guerra publica El mono azul junto con otros intelectuales antifascistas (Alberti, Neruda…). Posteriormente, cuando la guerra se recrudece, publica La milicia popular. Ésta es la época de mayor actividad periodística del poeta: de 1936 a 1938 publica en 48 periódicos 251 artículos y es reseñado en otros 158.

Miguel Hernández en la radio

Cuando avanza la contienda es nombrado Comisario y combate en primera fila en las trincheras. A pesar de que la derrota está cada día más cercana él desea seguir combatiendo y sigue creando periódicos alentando a las tropas. En 1938 Miguel se separa de el cuerpo intelectual por el que el había apostado: cuando se encuentra descansando de la primera línea de fuego y va a ver a la alianza de intelectuales, éstos están celebrando una opulenta fiesta. La situación provoca la cólera de Miguel Hernández, que dice a Alberti “Lo siento, aquí hay mucho hijo de puta y mucha puta suelta”.

Tal vez este hecho influyera en que, cuando termina la guerra y el bando republicano es derrotado, Alberti no contara con Hernández a la hora de huir a Chile. En vez de eso, Miguel Hernández trata de llegar a Cox para ver a su mujer y lo detienen. A partir de este momento empieza un verdadero calvario de cárceles para el poeta. Será juzgado no por un tribunal ordinario sino por un tribunal de prensa, que le sugiere que recabe información de compañeros que puedan avalar que no apoyó activamente a lbando republicano. Interceden a su favor periodistas como José María de Cossío, con el cual había colaborado en la elaboración de su enciclopedia taurina; y que argumentan que Hernández había trabajado en prensa religiosa en numerosas ocasiones. A pesar de esto es condenado a muerte, si bien tras numerosas protestas de periodistas, intelectuales y clérigos amigos conmutan su pensa por 30 años de prisión. De poco sirve: en la madrugada del 28 de marzo de 1942 Miguel Hernández fallece de turberculósis en la prisión de Alicante, dejando su huella para el resto de la historia no sólo en sus libros y poemarios sino también en cientos de periódicos de todo el territorio español.

(A continuación reproduzco un fragmento de un artículo escrito por Miguel Hernández, bajo el pseudónimo de Antonio López, en el primer número de la revista Frente Sur [1/3/1937])

COMPAÑERA DE NUESTROS DÍAS

Imagen de tierra

La compañera de los días del hombre ha llevado en España una vida humillada, apaleada, moribunda. Me refiero a la mujer nacida encima del jergón pobre del pueblo, en el rincón ceniciento de la aldea, sobre la misma extensión del campo. Áspera y triste de carne desde su nacimiento, como si fuera la obra cansada de un arado secular y una besana rendida, la campesina española aparece ante mí con su imagen de tierra y encina escuálida, con su silencio expresivo, con sus ojos de abatimiento, por los que su alma avanza llena de llanto íntimo, de dolor encarcelado. No es una mujer: es una corteza que se apoya en unos pies duros, que sube por un vientre donde los partos dejan huellas de torrente, que se derriba en unos pechos sin lozanía, cabizbajos desde la adolescencia, marchitos y requemados, desde que comenzaron a ser pechos. El sol, el hambre, la pena, el trabajo, han mordido las facciones y las proporciones de esta mujer que pudo ser bella y que resultó terriblemente hermosa bajo el arco de su pañuelo. Tengo muchos motivos para pegar martillazos contra los culpables de la tristeza de las campesinas de España: mi madre ha sido, es una de las víctimas del régimen esclavizador de la criatura femenina. Enferma, agotada, empequeñecida por los grandes trabajos, las grandes privaciones y las injusticias grandes, ella me hace exigir y procurar con todas mis fuerzas una justicia, una vida nueva para la mujer.
[…]

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One Comment leave one →
  1. ainhoainhoainho permalink
    13 diciembre 2010 6:02 pm

    pero qué inteligencia suprema, Hernández está muy de moda

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