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Los cínicos no sirven para este oficio, de Ryszard Kapuscinski

28 noviembre 2010

El periodismo está atravesando una gran revolución electrónica. Las nuevas tecnologías facilitan enormemente nuestro trabajo, pero no ocupan su lugar. Todos los problemas de nuestra profesión, nuestras cualidades, nuestro carácter artesanal, permanecen inalterables.

Ryszard Kapuscinski nació en Pinsk (actualmente Bielorrusia) en 1932 y es una de las figuras más importantes del panorama intelectual contemporáneo. El mundo entero lloró su muerte en 2007 a causa de una grave enfermedad, recordándole como un gran humanista y sobre todo una gran persona. Eran precisamente estas virtudes las que le hacían capaz de crear un ambiente de total confianza con aquellos que entrevistaba. El toque Kapuscinski, más que la exactitud al relatar los hechos, reside en la extrema profundidad con la que cuenta las historias de las personas anónimas que conoce. “He viajado muchísimo sirviéndome de toda clase de medios de transporte disponibles. Si me hubieran reconocido como extranjero, como diferente, es posible que la gente me hubiera dirigido la palabra, pero sin duda no se habría lanzado con la misma libertad a hacer comentarios y observaciones sinceras”, decía el para muchos mejor periodista del siglo XX. Ryszard Kapuscinski, Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2003, autor de obras como El Emperador, El Imperio, Ébano, El mundo de Hoy y El Sha o la desmesura del poder, entre otros,  habiendo estado en 27 revoluciones y 12 frentes de guerra, constituye un ejemplo a seguir para cualquier estudiante de periodismo.

Pasando ya al libro en cuestión, Los cínicos no sirven para este oficio se divide en tres partes y mantiene íntegramente la estructura de entrevista.
La primera, Ismael sigue navegando, retrata el encuentro al que acudió Kapuscinski en Capodarco di Fermo (Apulia, Italia) el 27 de noviembre de 1999 moderado por María Nadotti, durante el VI Congreso “Redactor social” titulado De raza y de clase. El periodismo entre deseo de elitismo, implicación e indiferencia. En este texto el periodista responde a las distintas preguntas realizadas por Nadotti y asistentes, que le llevan a analizar los distintos puntos clave de su trabajo, así como las fuentes a las que acude y su manera de hacer periodismo.

Ryszard Kapuscinski

En la segunda parte, Explicar un continente: la historia de su desarrollo Andrea Semplici, periodista y fotógrafo, entrevista a Ryszard con el objetivo de conocer su experiencia como corresponsal en varios países africanos. Fue esta época una explosión de puntos de inflexión para este continente, tanto por los hechos internos (Independencia de Ghana, Apartheit de Sudáfrica, etc.) como por las relaciones que tuvo a nivel internacional (viaje de Clinton en 1998).

La tercera y última parte,  El relato en un diente de ajo consiste en el encuentro que, moderado otra vez por Maria Nadotti, Kapuscinski mantuvo con el escritor y crítico de arte John Berger en el Congreso Ver, entender, explicar: literatura y periodismo en un fin de siglo, celebrado en Milán en noviembre de 1994. Resulta un diálogo apasionante sobre cómo se relatan las historias, la relación entre realidad y lo que se percibe de la misma y sus múltiples perspectivas.

Este libro es de obligada lectura para todos los futuros periodistas, sobre todo para aquellos más desilusionados, los que piensan que el periodismo ya no se corresponde con aquellos sueños previos al paso por la  carrera. Todavía hay esperanzas para los buenos periodistas (quiero creer).

Aquí os dejo un enlace a una pequeña entrevista de este entrañable hombre:

Espero que os guste 🙂

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2 comentarios leave one →
  1. Estela permalink
    28 noviembre 2010 8:36 pm

    Me encanta tu reseña, ¡es todo un reportaje! Te ha quedado genial.
    Nunca había oído hablar de Kapuscinski, parece que los que más valen son siempre los más desconocidos, en todos los ámbitos (para que luego digan que la cultura es de masas).
    Eres toda una periodista 🙂

  2. 28 noviembre 2010 8:40 pm

    Jo Estelis un comentario tuyo es un 8 en Escala de Richter para mis adentros 🙂
    ¡Gracias!

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